Las que hoy salen a la calle, no defienden a las mujeres.

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En un nuevo ejercicio de hipocresía, hoy presenciamos marchas mundiales en contra de un tipo que no ha erradicado ni uno sólo de los derechos que disfrutan las mujeres occidentales. No sólo eso, tampoco ha expresado nunca su intención de hacerlo, además que sería imposible teniendo en cuenta La Constitución de Estados Unidos y los envidiables mecanismos legislativos de los que disfruta el país norteamericano.

Es cierto que durante siglos las mujeres fueron marginadas, maltratadas y en muchos casos despreciadas. Pero todo ello cambió con la Primera Guerra Mundial y posteriormente con la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres tuvieron que reemplazar a los varones en todas aquellas actividades que hasta entonces, la sociedad consideraba que sólo eran aptas para ellos.

Demostraron que no sólo eran capaces de realizar la misma tarea, si no que en muchos casos, la podían realizar con mayor eficiencia y calidad, que sus maridos, hijos o hermanos. Se rebelaron contra los prejuicios, el sistema y el machismo propio de la época. Ellas fueron las que sentaron las bases en las que hoy pivota nuestro eje social: la igualdad de oportunidades. Fue el comienzo de una época, que nunca se podría haber dado sin su coraje y valentía.

Seamos sinceros, la realidad es que estas féminas que hoy claman ”igualdad”, no son más que un grupo de cobardes que no se atreven a enfrentarse a aquellos que de verdad, ponen en peligro su libertad y la del resto. Si fueran mujeres de verdad, estas marchas las habríamos visto hace muchos años. Clamarían contra el establecimiento de guetos en las principales ciudades europeas, donde las mujeres tienen que cubrir su rostro, son azotadas, vilipendiadas y humilladas constantemente. Irían a las mezquitas salafistas instaladas en Europa, a amedrentar a los imanes que defienden pegar a las mujeres, que no puedan conducir, viajar, ir solas por la calle, abrirse una cuenta corriente, relacionarse con varones, leer los libros que considere, vestirse acorde a sus gustos e incluso, defienden la violación.

En definitiva, son titiriteras víctimas del sistema, que juegan a ser defensoras de las mujeres a la vez que las insultan y demuestran su desprecio hacia ellas, al señalar como ”amenaza” a alguien, que no va a modificar el ”status quo” que disfrutan, a la vez que piden ”respeto” por aquellos que luchan diariamente por erradicar los derechos y las libertades que costaron sangre, sudor y lágrimas, alcanzar a aquellas heroicas mujeres del siglo XX. Seguramente se estarán revolviendo en sus tumbas presenciando semejante esperpento propio de la ”hipogresía” occidental.

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