¿Qué narices ha firmado Trump?

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Desde que Donald Trump firmó la orden ejecutiva que paralizaba la acogida de refugiados por parte de Estados Unidos, como de costumbre, el debate banal, soez y sectario, ha ganado la batalla al debate constructivo.

Primero, ¿por qué dicen que es contra los musulmanes si en el texto no aparece ni una vez, repito, ni una, la palabra musulmán? De hecho, hace pocas horas, se la ha impedido la entrada a una familia cristiana procedente de Siria.

Segundo, todos los refugiados, repito todos, independientemente de donde procedan, no podrán entrar en Estados Unidos en un plazo de 120 días. En el caso de Siria, dicha prohibición queda fijada de manera indeterminada.

Tercero, Reince Preibus, jefe de gabinete de Trump, ha confirmado que no se prohíbe la entrada de aquellos que ya tenían permiso de residencia en Estados Unidos, no obstante, el texto da lugar a interpretación al estar redactado de una forma lamentable, por lo que el caos que se ha formado es total. Ya que en algunos aeropuertos te dejan entrar y en otros casos no puedes ni subir al avión.

Cuarto, en la ya famosa lista de ‘’los 7’’ (Irak, Irán, Libia, Siria, Somalia, Sudán, y Yemen), lo que se ha bloqueado es la emisión de nuevos visados para los ciudadanos de dichos países. Durante los próximos 90 días no se podrán emitir nuevos visados para estos países hasta que no haya cambiado los mecanismos de entrega.

Quinto, la orden paraliza las solicitudes de asilo que hasta ahora estaban en marcha, bloquea la emisión de nuevos visados y cancela el proceso que hasta ahora se seguía para otorgarlos, hasta que un nuevo sistema entre en funcionamiento. Cada 30 días se elaborará un informe para determinar en el plazo de 120 días, cuál será la nueva fórmula para obtener el visado que te permita la entrada en Estados Unidos como refugiado.

En vez de criticar que esta orden es improvisada, ineficaz, injusta y en muchos aspectos puede ser tachada de inconstitucional, ya hay varios recursos presentados en contra, se prefiere reducir al absurdo, no vaya a ser que a alguno le estalle la cabeza.

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