El partido del odio

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Cuando la ”franquicia chavista” se instaló en España, se presentó ante la opinión pública y con la inestimable ayuda de los medios de desinformación, como el partido del amor, de la unidad, de la sonrisa y de la gente. Algunos ignorantes pensaron que la milonga duraría para siempre, pero la realidad es que dentro de los partidos filocomunistas la historia siempre es la misma.

23 de mayo de 1924, cuatro meses después del fallecimiento de Lenin, se celebró el Congreso del Partido Comunista Ruso, el cual Stalin, había preparado minuciosamente para liquidar políticamente a Trotsky, ya que era consciente de que su impopularidad iba in crescendo en sus propias filas, mientras que Trotsky se había convertido en el favorito para liderar el partido.

Stalin sabía que, para ostentar el poder absoluto, debía enfrentar a los miembros del Politburó (el máximo órgano del Partido Comunista Ruso) y asegurarse el apoyo de los dirigentes más influyentes por aquel entonces (Zinoviev y Kamenev). Así pues Stalin, sabedor que iba a ganar el Congreso que él mismo había preparado, planteó a los asistentes, previamente seleccionados para el show, marcharse del partido y dejar paso a los demás. Los asistentes, en un ejercicio de propaganda propio de los regímenes totalitarios, ofrecieron a Stalin una ovación interminable tras ofrecer su cabeza por el bien del partido. Trotsky, ante esa situación, afirmó que el partido siempre tiene la razón y que acataría el mandato de los delegados. Obviamente, hay que ser muy estúpido para no saber que quien organiza el Congreso, es el que va a salir triunfante del mismo. A partir de entonces, Stalin fue el líder indiscutible y comenzó a erradicar a la oposición trotskista.

Ahora, los comunistas tienen otro aspecto más grotesco. Son comunistas de iPhone y Visa Oro; incluso son más iletrados, farsantes y estúpidos que sus antiguos camaradas. Pero ello no les impide demostrar el odio que se tienen entre ellos y de lo que son capaces de hacer, por erradicar a todo aquel que se atreva a discutir al pastor supremo del rebaño. Es evidente, que las diferencias entre Iglesias y Errejón, son puramente formales. Ambos son igual de mediocres, totalitarios y miserables. Ambos tuvieron que ir a ganarse el jornal a Venezuela, país analfabeto y sumiso, porque aquí no les contratarían ni para hacer la portada de un informe. Los franquiciados chavistas, acusan a Errejón de responder al interés de las élites; nada nuevo si la turba iletrada supiera que Stalin acusaba a Trotsky de ser un servidor de Hitler y denominó a sus seguidores Hitler-troskistas. De hecho, en muchas publicaciones propagandísticas contra el régimen nazi, aparecía Trotsky como miembro de las SS.

En definitiva, el Congreso de la franquicia chavista será una oda a la cursilería, el sectarismo y la mediocridad.  Son tan patéticos y cobardes, que ni siquiera nos ofrecerán un espectáculo digno y que valga la pena. Quizás con un poco de suerte veremos a Rita Maestre alertar a su novio de que su fin político está cerca, al grito de “morirás como en el 36” mientras enseña las tetas al personal, aunque me temo que Rita Maestre, al igual que todos los que acudirán al acto,  no sabe nada de “Los procesos de Moscú de 1936”.

Como dijo Lenin: “La revolución empieza por casa”

J.G.M

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