Los miserables

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Durante este fin de semana, se han dado cita un elenco de personajes que representaban a la perfección, como si de una obra de Shakespeare se tratara, cada uno de los males que asolan nuestro país. Por primera vez en mucho tiempo, pudimos ver unidos en el mismo lugar a incompetentes, analfabetos, amargados, corruptos, sectarios, delincuentes y estúpidos.

Ha sido divertido observar a la franquicia chavista,  presentarse como el azote de la corrupción, al mismo tiempo que, entre sus fundadores, se encuentra un tipo que evadió 500.000 euros a Hacienda por un informe inexistente.  Se autoproclaman el partido de la ‘’gente preparada”; me imagino que Cañamero, Rita Maestre o Teresa Rodríguez, son los que representan a la perfección a esa turba de analfabetos funcionales, que creen que un título universitario sirve para demostrar la valía de una persona, cuando lo realmente significativo, es saber a qué se han dedicado. Entre los tres, no llegan ni a una hora trabajada.

Del mismo modo, ha sido desternillante escuchar en su silla motorizada al amargado y rencoroso argentino (el cual debe su vida a España y a nuestro sistema, que ahora pretende reventar), hablar de amor y unidad. Sin olvidar al incompetente Rafa Mayoral, cuyo único logro ha sido ir a ganarse el jornal a Ecuador, país miserable y analfabeto, estafarlos y cobrar por ello del gobierno ecuatoriano. Qué decir de Miguel Urbán. El típico engreído y estúpido que alaba la dictadura castrista, al mismo tiempo que denuncia que España vive en una dictadura. Quizá, la grasa que acumula, le impide que el riego sanguíneo llegue con normalidad a su dañado cerebro.

Y para finalizar, el farsante y miserable pastor del rebaño, Pablo Iglesias. Comenzaba su intervención ante los miembros de la secta, recordando a Clara Campoamor. Los iletrados asistentes, que la última vez que cogieron un libro fue en primaria y por error, aplaudían sin cesar. Convendría, que estos incultos sectarios, supieran que Clara Campoamor encontró en la izquierda a sus mayores enemigos, los cuales se negaban a aceptar el voto femenino en las elecciones generales (en las locales pudieron votar por primera vez en la dictadura de Primo de Rivera). Tanto Indalecio Prieto como Largo Caballero, entre otros, se negaban a permitir la propuesta de la liberal, sí liberal, Clara Campoamor, ya que decían que las mujeres votarían lo que dijera su marido o si no el cura. El problema, decían, es que al final hará lo que le diga el cura, porque el marido puede ser de izquierdas, pero el cura no. Pero claro, que sabrá esta turba de iletrados…

Para rematar, la bazofia gritó al unísono ‘’Bódalo libertad’’, pidiendo la excarcelación del clásico cobarde que, en manada es muy valiente para agredir a una mujer embarazada que se negó a cerrar su heladería, pero que cuando fueron a detenerlo para llevarlo a la cárcel, lloraba como una cerda. A la única que he echado en falta, ha sido a la brillante intelectual, Ada Colau, la cual imagino no acudió, porque seguramente estaría dando una conferencia en Harvard, Oxford o UCLA.

J.G.M


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