El partido del amor

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He de reconocer que se me ha puesto la piel de gallina, al conocer que la novia del gerente de la franquicia chavista en España, será la nueva portavoz en el Congreso, en detrimento de Iñigo Zinoviev.

Y es que su nombramiento, es un soplo de aire fresco en una sociedad donde cada vez es menos habitual, alcanzar por méritos propios lo que te mereces. Por ello, que la elegante y refinada Irene Montero, haya llegado hasta ahí por su inteligencia, su verbo elocuente, su belleza y por qué no decirlo, sus aptitudes sexuales, es una excelente noticia para este país en decadencia.

Durante décadas, se ha dicho que las mujeres, a pesar de su talento, eran incapaces de obtener los mismos puestos que los varones. Con Irene, ese tópico pasará a la historia. Ha costado sangre, sudor y lágrimas, pero por fin, la sociedad tiene un referente al cual seguir. Ya nadie podrá escudarse en la vieja excusa del enchufismo español.  Irene, la misma que con 16 años ya se afiliaba al Partido Comunista, pasará a la historia como la artífice de este hito que supone la liberación absoluta de las mujeres, de momento a nivel nacional, pero seguro que en unos pocos años, será la referente de muchas mujeres en el mundo y ocupará las portadas de los medios internacionales más importantes.

Mientras escribo este artículo, mi teclado se llena de lágrimas, y es que Irene, encarna los valores que toda sociedad necesita. Espíritu de sacrificio, superación, valía, trabajo duro y perseverancia. Sus éxitos en el ámbito profesional son muchos, muchísimos, innumerables, casi tantos como la cantidad de horas cotizadas a la Seguridad Social que cuenta en su haber. Pero no sólo eso, su experiencia con los más brillantes intelectuales de nuestra España actual (Ada Colau, Cañamero, Monedero, Bescansa, etc.), nos permitirá disfrutar de grandes discursos, llenos de mensajes profundos, que sólo alcanzarán a comprender los filósofos y pensadores, más instruidos en la materia.

Que nadie crea que el trabajo ya está hecho; de eso nada… Ahora empieza lo realmente complicado, Irene tendrá que trabajar muy duro (como lo ha hecho siempre), para conservar su cargo. Cada semana será sometida a un examen oral por el gerente de la franquicia, de quien esperemos que no de rienda suelta a sus instintos más primarios y no le azote hasta sangrar, mientras la escucha gritar: ¡dame más Gramsci, dame más!


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